El Blog de Ydrasil

Consejos para el dia a dia, el cuidado de la piel y tu salud.

Historias de la historia de la peluquería

Según la mitología griega, el rey Midas era capaz de ocultar sus orejas a todos menos a su barbero, quien escondió el secreto en un agujero hecho en la tierra. Cuando el viento soplaba, las cañas que crecían sobre el agujero repetían la historia.
Otro dato interesante en la historia de la barbería es que el rizado del cabello se hizo tan popular en Atenas que dio lugar a la aparición de los primeros peluqueros.
La importancia mágico-religiosa de los cabellos y barbas propició que desde tiempos remotos, su cuidado tuviera importancia en muchas sociedades.
Es posible que la primera herramienta usada por el hombre para cortarse el cabello y las barbas fueran las lascas afiladas de piedra de sílex. El corte de pelo se debía indudablemente a cuestiones prácticas o ceremoniales y nada tenía que ver con los motivos únicamente estéticos de épocas posteriores.
EGIPTO
Los sacerdotes de determinadas castas podían raparse completamente el pelo o, por el contrario dedicarse a cultivar largas y cuidadas melenas. Así pues, podían diferenciarse los oficiantes del culto a uno u otro dios, entre otros detalles, por la clase de peinado o peluca utilizados.
La elaborada cultura egipcia fue de las primeras en considerar el cabello (en hombres y mujeres) un elemento fundamental de la belleza física y lo trataba ya con funciones estéticas, a pesar de que, como hemos comentado, tuviera también usos sociales y religiosos. Se nos hace extraño averiguar la importancia que daba el pueblo egipcio al aseo y cuidado del cabello.
El hombre llevó casi siempre el cabello más o menos corto, salvo durante el Imperio Nuevo donde el gusto por las pelucas hizo furor. Los sacerdotes tomaron la costumbre de afeitarse la cabeza así como todo el cuerpo, en señal de pureza, a
partir de la dinastía XIX fue obligatorio. También se rasuraban el rostro, aunque tenemos ejemplos, sobre todo del Imperio Antiguo, de funcionarios con bigotes.
El uso de la barba no era muy habitual aunque también tenemos algún ejemplo, sobre todo en campesinos desaseados y también se la dejaban en señal de duelo. No hay que confundir esta barba, con la barba que aparecen en estatuas, de lapizlázuli y era una señal de divinidad.
GRECIA
Los griegos convirtieron el culto a la belleza en uno de los pilares de su cultura.
Al contrario que los egipcios, los griegos adoraban el movimiento expresado a través de múltiples rizos y ondas. Gracias a estatuas y monumentos funerarios se han podido observar detalles.
También para los hombres el cabello rizado se consideraba exponente de la
hermosura. En Grecia, como en Egipto, los esclavos eran los encargados de
mantener arregladas las cabezas de sus amos.
ROMA
Entre las múltiples adopciones culturales que los romanos tomaron de los griegos, se encuentran, la higiene y los criterios estéticos, y entre ellos el de mostrar cabellos peinados e higiénicos. El cabello era corto para los hombres y las caras limpias y rasuradas por sus sirvienyes o esclavos.
LA EDAD MEDIA (s. VII – s. XV)
Durante la primavera, en la edad media, la gente acudía a las barberías de los pueblos y ciudades no necesariamente a cortarse el pelo o afeitarse, sino también para que le arrancaran una muela o le sacaran sangre aplicando sanguijuelas. La gente creía que el desequilibrio de los humores (sangre, flema, bilis y atrabilis) era
perjudicial para la salud, y que la extracción del exceso de sangre cada primavera (la época de la renovación) era la forma de restaurar ese equilibrio. “Sacando la sangre, se saca la enfermedad”, era el principio en el que se basaba esta práctica que, pese a su potencial peligrosidad, fue el tratamiento más popular para muchas enfermedades graves durante siglos.
Durante el siglo XIII los barberos comenzaron a ocuparse de esta operación, y poco a poco formaron un gremio y ampliaron sus servicios hasta abarcar intervenciones de cirugía menor tales como sajar diviesos, vendar úlceras y extraer muelas. Algunos barberos se especializaron en operaciones más serias, llegando a tratar cataratas o hernias.
En los pueblos pequeños llevaban a cabo operaciones relativamente complejas, como por ejemplo reducir fracturas o realizar trepanaciones (cortar una porción del cráneo para aliviar la presión sobre el cerebro). Al principio cualquiera podía establecerse sin licencia como cirujano, pero hacia el siglo XIV, en algunos lugares de Europa, las universidades y los gremios comenzaron a regular la práctica de la medicina.
El oficio se transmitía de generación en generación, de modo que un aspirante a barbero comenzaba de aprendiz con un maestro (habitualmente su propio padre) e iba adquiriendo el conocimiento de todos los secretos del oficio. En las grandes ciudades, sin embargo, los aprendices podían asistir a las mismas clases de anatomía que los estudiantes de medicina.
EL RENACIMIENTO (s. XVI ? s. XVIII)
El culto a la belleza personal fue uno de los valores de la época clásica que se recuperaron durante el Renacimiento. El afloramiento de una nueva economía y el interés y preocupación por volver a un modelo de sociedad más civilizado hizo restablecer el valor del aseo y el cuidado personal.
Los siglos XVII y XVIII, fueron los de la riqueza decorativa, las exageraciones, la búsqueda del efectismo… Las clases privilegiadas se preocupaban más de aparentar que de ser y lo ostentoso equivalía a lo poderoso.
Pero sin lugar a dudas si algo caracteriza el aspecto de la época son las pelucas, mediante las cuales se diferenciaban las clases sociales. Su aparición fue fomentada por Luis XIV de Francia, que deseaba ocultar al precio que fuera su incipiente calva, pero rápidamente se extendieron por la Europa continental y, posteriormente por Gran Bretaña. En pelucas, peinados y barbas se reflejaron los gustos estéticos del momento, por lo que, aunque parezca increíble, en ellos se puede observar monumentalidad, espectacular y recargada riqueza decorativa, expresividad, etc.
EL SIGLO XIX. Época de cambios.
La Revolución Francesa y la Revolución Industrial marcaron, en todos los sentidos, el devenir de la Historia del mundo occidental. En la sociedad, ambas tuvieron una consecuencia clara: la sencillez era la línea a seguir en todos los sentidos para señalar la amplia distancia que separaba las nuevas costumbres de los antiguos excesos de la Corte.
Aparecieron así los peluqueros profesionales, que trabajaban sobre todo a domicilio cuando lo hacían con la burguesía, desplazándose a trabajar al hogar de los clientes.
Se asentó definitivamente el oficio, el de expertos que razuraban y cortaban el cabello a cambio de una remuneración económica; a diferencia de los antiguos barberos de la Corte que solían ser sirvientes que aprendieron la profesión.
En todas las épocas ha existido una música con pretensiones artísticas, dirigida a un público cultivado (lo que solemos llamar “música clásica”) y también una música popular pensada para el consumo de masas: obviamente, en tiempos de Beethoven las masas no escuchaban sinfonías de Beethoven. Y muchas veces, al redescubrir la música popular de otras épocas da para pensar que en esto, como en tantas otras cosas, cualquier tiempo pasado fue mejor.
Cuando aún no existían la radio ni los discos, las formas de divulgar los “éxitos” del momento eran otras. Entre ellas, obtuvo especial fortuna en Estados Unidos el “cuarteto de barbería”; en las salas de espera de las barberías (obviamente, ante un público solamente compuesto por hombres), un cuarteto vocal amenizaba la espera de los clientes con las canciones en boga, aunque pronto se convirtió en un fin en sí mismo el acudir a escuchar las canciones, aparte de ser la barbería un lugar de reunión de sociedad.
El “Barber Shop Singing” se convirtió en toda una institución, y de hecho no sólo se arreglaban canciones para esa formación, sino que hubo compositores que escribieron pensando en ella. Hoy día aún existen conjuntos vocales masculinos que hacen un repertorio parecido; el más conocido por el gran público puede ser el británico The King’s Singers, aunque son sexteto y no cuarteto, y provienen de otra tradición, su repertorio va desde la polifonía medieval hasta los Beatles; y en los años 20-30 tuvo gran fama otro sexteto alemán, los Comedian Harmonists. Sin embargo, estos conjuntos no podrían tomarse como ejemplo de “Barber Shop Singing” aunque su repertorios están emparentados.
En España carecemos, por supuesto, de toda tradición de cantar en la barbería, si hubiera que buscar una tradición local lejanamente parecida, talvez no se encontrara más que en las tunas. Por eso es toda una noticia la aparición de un cuarteto vocal español dedicado al “Barber Shop Singing”, que ha grabado ya su primer disco (aunque sea uno producido con medios más bien “caseros”, sin ninguna casa discográfica detrás).
Se trata de los “Investigators”, que están formados por los hermanos Jorge y Nicolás de las Peñas (voz solista y barítono, respectivamente), Fernando García Buitrago (tenor) y el conocido periodista Ramón Pi (bajo).

Como ha cambiado el ideal de belleza con el tiempo.

Es una locura que la gran mayoría de las mujeres modernas se ven presionadas por tener una figura “perfecta”, con un vientre plano, unos buenos muslos y un culo a lo Kim Kardashian. Pero esto no ha sido siempre así…

Hace un par de siglos esto era totalmente diferente. Los estándares de belleza tienen una tendencia a cambiar con el tiempo y este vídeo lo demuestra mejor que nada. Desde el antiguo Egipto hasta nuestros días, muestra a modelos que representan los tipos ideales del cuerpo a lo largo de la historia.

Este video muestra más de 3.000 años de tipos ideales del cuerpo de la mujer según los ideales de belleza de sus sociedades.

Pónganse cómodas y vean, seguro comprobarán que todas en algún momento de la historia, estuvieron a la moda.

Adelgazar no (siempre) está en nuestra mano.

Más de 600 millones de personas en el mundo son obesas, según la OMS, el doble que en los años 60. En el banquillo se sientan hoy no solo el sendentarismo y la dieta. La contaminación, la luz artificial y el gen de la gordura están también en el punto de mira.

Adelgazar no (siempre) está en nuestra mano
Globesity,  ése es el neologismo (de globe, mundo en inglés, y obesity) con el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido una epidemia que en 2014 (últimos datos disponibles) afectaba a más de 600 millones de personas en el planeta. La cifra era entonces el doble que en los años 60. El sedentarismo, el abuso de hidratos de carbono y de azúcares o la comida rápida son algunas de las causas que se aducen constantemente, pero no son las únicas. Las hay más complejas.

Un estudio reciente, publicado en la revista Obesity Research & Clinical Practice, le da la razón: la contaminación, los probióticos, los medicamentos e incluso nuestros horarios –cenamos mucho más tarde que antaño– nos suman kilos. Hoy en día, para mantener la línea, una mujer de 40 años debe hacer más ejercicio y vigilar más su dieta que una persona de la misma edad en 1971, compara Jennifer Kuk, especialista en kinesiología de la School of Kinesiology and Health Science y autora del informe. En un análisis de esta experta, se compararon, entre otros datos, el estilo de vida y el peso de unos 36.400 adultos entre los años 1971 y 2008. La conclusión: una persona con las mismas costumbres alimenticias y deportivas pesaba en 2008 un 10% más que en 1971, y un 5% más que en 1988.

Son muchas las posibles enfermedades derivadas de este mal; diabetes, dolencias cardiovasculares, trastornos óseos o musculares y hasta algunos tipos de cáncer. La OMS calcula que la obesidad se cobra cada año 2,6 millones de vidas en el mundo.

La mayoría de los estudios coinciden en algo: no toda la culpa es nuestra. Un ejemplo, el gen de la gordura existe. El FTO se descubrió en 2007, pero sus funciones siempre se relacionaron con partes del cuerpo como el estómago, no con la mente, explica Miguel Ángel Moreno, jefe de Servicio de Genética del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. La teoría cambió hace dos meses con el hallazgo por parte de un equipo de científicos del Imperial College de Londres de dos variantes genéticas localizadas cerca del FTO y relacionadas con el cerebro. Los portadores son proclives a sentirse atraídos por alimentos de alto contenido graso; es decir, les tienta más la comida basura, añade el experto.

Otro culpable es el gen Iroquois 3, descubierto por José Luis Gómez Skármeta, investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Está implicado en la construcción de algunas partes del cerebro, actúa desde el hipotálamo, activa el FTO y es responsable del control del apetito, detalla Gómez Skármeta.

La bola de cristal no existe (todavía). Con la información de la que disponemos, no es fácil predecir a quién le sobrarán varios kilos en el futuro. Solo se conocen entre un 5% y un 20% de los genes implicados, informa Moreno. En mi opinión, el ADN nos condiciona en torno a un 37%, aventura Albert Lecube, jefe de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Arnau de Vilanova (Lleida). Ya existen exámenes de nutrigenética, pero son caros (unos 300 euros) y su efectividad es limitada (no analizan suficiente ADN).

Otro factor que nos engorda es el estrés. El ruido es el protagonista de varias investigaciones. Este problema –cada vez más común en las ciudades, el 45% de los europeos reside en zonas con unos niveles por encima de los 55 dBA– aumenta el cortisol, altera el funcionamiento hormonal y el cardiovascular. Además, provoca ansiedad y altera el sueño, lo que se traduce a la larga en más adipocitos.  El centro de medicina y medio ambiente del Karolinska Institute de Suecia lo acaba de confirmar relacionando el tráfico y la contaminación con el sobrepeso. Estudiamos a 23.000 personas, las más expuestas a esa polución tenían un 25% más de posibilidades de acumular michelines, afirman los investigadores.

Saludos al sol. Hemos alterado nuestro biorritmo; cada vez pasamos menos tiempo en exteriores. Es la tiranía de la luz artificial. Esa dictadura inhibe la quema de calorías. Eso ha demostrado Patrick C.N. Rensen, catedrático especializado en metabolismo y autor de un informe sobre luz y sobrepeso. La iluminación o incluso las pantallas del ordenador o del móvil inhiben la acción de la grasa parda, capaz de quemar calorías y lograr que adelgacemos, afirmaba hace poco Rensen.

Es una paradoja: los españoles ingieren 39,5% menos calorías que en los años 70, se ejercitan más, están más informados sobre regímenes y superalimentos y, sin embargo, la enfermedad se propaga, según la Fundación Española de Nutrición (FEN): hay un 10% más de obesos que hace 20 años. El poder adquisitivo ha aumentado, también la variedad de alimentos, pero comemos más y la genética no ha tenido tiempo para adaptarse a las nuevas costumbres, corrobora Dolores Corella, catedrática de Medicina Preventiva en la Universidad de Valencia.

Nos puede la gula. Y la tentación, según una publicación reciente de la Universidad de Cambridge. Las raciones se han agigantado: un paquete de patatas fritas es hoy un 50% más grande que en 1993 y el de cacahuetes, un 80%. Los restaurantes son también más generosos: sirven filetes de 240 gramos, cuando antes eran de unos 160. El resultado: en Europa esta lacra afecta al 20% de los hombres y al 23% de las mujeres, según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad.

Fuente: http://smoda.elpais.com/