El Blog de Ydrasil

Consejos para el dia a dia, el cuidado de la piel y tu salud.

El vasco que se comió 236 croquetas sin darse cuenta… y luego cenó

Es por todos sabido que hay personas sobre la faz de la Tierra a las que comprarles un traje siempre será, por delante de invitarles a comer, la forma más económica de expresar nuestra gratitud. Y no precisamente porque la cantidad de tela que necesitemos para confeccionar la prenda sea poca, sino porque las porciones de comida que puede llegar a ingerir un individuo así pueden llevarnos a la tesitura de pedir un crédito para poder cumplir cuando el camarero acuda con la dolorosa.

Este bien podría ser el caso del vasco Pachi Bollos. Su hazaña no aparece recogida en ningún libro Guinness, pues cuando dio a conocer su terrible y devastador súperpoder aún no existía esa biblia en la que quedan registradas las heroicidades de los hombres de carne y hueso. La leyenda de Pachi se forjó en 1936, en San Sebastián.

Nuestro protagonista formaba parte de Istingorra, uno de los muchos clubes donde los donostiarras se reúnen en torno a la mesa para exaltar el valor de la amistad y los buenos alimentos. Aquel día, los socios de esta magna institución decidieron celebrar un banquete fuera del restaurante en el que habitualmente se reunían.

Tal y como contaban en las páginas impresas del diario la Estampa de Madrid en 1936, Pachi trabajaba como carrero en una fábrica de cerveza, por lo que era el único de sus amigos que tenía el medio de transporte adecuado para trasladar con garantías de seguridad la comida de un lugar a otro. Ni corto ni perezoso, se puso a los mandos de su coche de caballos para trasladar al lugar de la reunión culinaria todas las viandas que ya habían preparado en la cocina del establecimiento donde habitualmente se solían reunir.

En principio, la estrategia de traslado de la comida no parecía tener ningún punto débil. Aunque la distancia que separaba un lugar y otro era bastante amplia, lo solventarían rápidamente gracias al coche de Pachi Bollos. No obstante, los encargados de pergeñar este infalible plan no tuvieron en cuenta un factor importante: el apetito del conductor. Todo fue bien hasta que las croquetas que viajaban junto a él comenzaron a desprender un olor que incitaba a hincarles el diente.

El protagonista de la historia no pudo resistir la tentación y cogió una croqueta, sin ser consciente del fatal resultado que tendría dicha acción. Después de la primera, llegó la segunda, y a continuación de la segunda hubo una tercera. Y así hasta 236 croquetas que se zampó el bueno de Pachi Bollos mientras trasladaba la comida de un lugar a otro. Casi sin quererlo. Como contaban los cronistas de tan magno hito, “entre ‘¡arre!’ al caballo y elogios mentales a la cocinera, cuando Pachi llegó se había comido doscientas treinta y seis croquetas. Todas las del banquete”.

Por suerte para todos, no hubo que lamentar heridos. Sus compañeros de aventuras se lo tomaron con buen humor. Además, como el propio Pachi reconocía, no lo hizo con mala intención. Simplemente una croqueta llevó a la otra, la otra a la una, y así sucesivamente. El reportero José R. Ramos, encargado de relatar lo ocurrido, le preguntó si es que las había confundido con aceitunas. Nuestro protagonista se mostró tajante al respecto y aseguró que sabía perfectamente de qué se trataba porque él no era de picotear en la mesa algo así, insustancial. “Yo aceitunas nunca como. En la mesa, el tiempo no tengo para perder”, decía este campechano cerrero.

Luego llegó la hora de la cena y, por supuesto, Pachi Bollos cenó con el resto de sus compañeros. No sabemos si, como Homer Simpson, en lugar de vino pidió albóndigas para beber. Tampoco sabemos si, después de todo, también pudo con el postre. Aunque, sin lugar a dudas, lo que más intriga despierta es conocer cuál era su secreto para mitigar el intenso dolor de estómago que, casi con total seguridad, le provocaron aquellas 236 croquetas.

De lo que sí estamos seguros es de que sobrevivió para contarlo y establecer un récord de leyenda.

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Con información del diario Estampa

Fuente: Justin Case

Tradiciones para empezar bien el nuevo año

Desde tomar las doce uvas a encender todas las luces de la casa, existen un sinfín de rituales para atraer a la buena suerte

Cuando apenas quedan unas horas para terminar este 2013, queremos aprovechar nuestro último repaso del año por la actualidad de la red para compartir un artículo publicado en el blog «Clubrural» que recopila doce tradiciones para comenzar el nuevo año con la mejor de las suertes. Aunque su efectividad no está garantizada, algunos de estos ritos llevan tantos años entre nosotros que prácticamente resultan de obligado cumplimiento, como es el caso de tomar las doce uvas, llevar algo rojo o entrar en el nuevo año con el pie derecho. Sin embargo, parece un poco complicado cumplir con todas a la vez.

1. – Las doce uvas: Sin duda, comer una uva con cada una de las doce campanadas que dan paso al año nuevo es la tradición más arraigada en España, tal y como demuestran las millonarias audiencias que obtienen las retransmisiones televisivas de este evento. El reloj de la Puerta del Sol es el elemento que aglutina esta tradición en la España peninsular, mientras que en Canarias es habitual que las cadenas que retransmiten este evento desde las islas cambien de reloj cada año. Su origen es incierto, aunque lo más probable es que esta costumbre fuera instaurada a principios del siglo XX por viticultores alicantinos para dar salida a un excedente de cosecha.

2. – Llevar algo rojo: Tradicionalmente el rojo se ha relacionado con la prosperidad, el amor y la pasión, por lo que es habitual llevar ropa interior o algún otro complemento de este color en el paso de un año a otro. La tradición manda también que una vez usadas las prendas sean quemadas para terminar de conjurar a la buena suerte.

3. – Un anillo en una copa de champán: Introducir un anillo de oro en la copa de cava o champán y mantenerlo dentro mientras se brinda y se bebe es una superstición muy extendida para atraer dinero durante el año que comienza.

4. – Pedir tres deseos: El inicio de un nuevo año es un buen momento para formular propósitos y deseos que deseamos ver cumplidos. Para ello, nada mejor que escribirlos antes de la cena y dejar el papel en contacto con nuestra piel durante toda la noche, para quemarlos una vez haya pasado la medianoche.

5. – Repartir besos: Dice la tradición que quien quiera conseguir una pareja femenina, debe besar a una mujer nada más comenzar el nuevo año, mientras que si lo que se desea es un novio, hay que besar al hombre más cercano.

6. – Entrar con el pie derecho: Como la propia expresión indica, nada mejor para empezar bien 2014 que adelantar ese pie durante las doce campanadas y conseguir que sea el primero que se apoye en el suelo durante la transición de un año a otro.

7. – Entrar en casa con el pie derecho: Otro rito para atraer la suerte consiste en salir al rellano nada más dar la medianoche y volver a entrar en casa con el pie derecho por delante.

8. – Encender velas: Las supersticiones asocian cada color con un tipo de fortuna concreto. Así, el azul atrae la paz, el amarillo la abundancia, el rojo la pasión, el verde la salud, el blanco la claridad y el naranja la inteligencia. Recibir el nuevo año con la casa iluminada con una vela de alguno de esos tonos debería asegurar que su atributo se instale en el hogar.

9. – Encender todas las luces de la casa: Basta con hacerlo durante unos minutos antes y después de la medianoche. Lo justo para recibir el nuevo año sin ningún rincón de la casa a oscuras y que, así, 2014 comience atrayendo la claridad.

10. – Comer lentejas: Según la tradición italiana, para tener un año próspero no hay mejor que comer un plato de esta legumbre el día 31 y una cucharada pasadas las doce de la noche.

11. – Las maletas junto a la puerta: Recibir el nuevo año con un par de maletas junto a la puerta de la casa es garantía de que los siguientes 365 días estarán repletos de viajes.

12. – Agua purificadora: Esta tradición asegura que llenar un cubo con agua por la mañana y vaciarlo a las doce de la noche limpiará las malas energías existentes en la vivienda. Según esta superstición, el agua absorberá las vibraciones negativas durante el día y se las llevará con ella cuando sea vaciada por el retrete.

Asi que cada cual escoja la que mas le guste y que pruebe, total… que vamos a perder por probar?

Coma con el cerebro

Michael Pollan, el experto de referencia de los Obama, tiene motivos para convercerle de que lo único que se necesita para tener contento al estómago es usar la cabeza

Poca gente ha hecho más por la comida que el académico y escritor estadounidense Michael Pollan. El autor de Food rules parte del sentido común y propone que para comer bien solo se necesitan un par de dedos de frente.

Estos son los consejos de este superventas cuyo nuevo libro está a punto de ser editado en España.

1. No coma nada que no se pudra

La comida de verdad o está viva o lleva poco tiempo muerta. En todo caso, el margen que la separa de ser basura es pequeño. Todo lo que no cumpla este requisito es porque ha sido procesado hasta la inmortalidad con tantos agentes químicos que no atrae ni hongos ni bacterias.

2. Compre en las paredes de los supermercados, no en los pasillos

La comida fresca –los productos agrícolas, carne, pescado, lácteos– se pone en las paredes porque así es más fácil reponerla. Y la procesada acaba en los pasillos. Cuanto más se aleje de ellos, mejor.

3. Evite las cosas que su abuela no entendería como comida

¿Celulosa? ¿Diglicéridos etoxilados? ¿Quién le ha dicho que esas cosas se pueden meter en la boca? Si no reconoce un ingrediente es probable que se trate de un componente químico. No hay pruebas de que estos sean un peligro para la salud, pero piénselo: la raza humana no lleva mucho tiempo comiéndolos. No se la juegue.

4. Coma solo animales que hayan comido bien

La evolución ha diseñado fantásticos rumiantes, capaces de convertir hierba en grasas saludables (mucho omega tres y poco omega seis). La industria alimentaria los ha cogido y los ha cebado de pienso energético para que crezcan más y peor.

5. Cuanto más blanco sea el pan, más joven morirá usted

Ingerida tal cual, la harina es como un chupito de glucosa: no tiene las virtudes de otros granos (fibra, vitamina B y grasas saludables) y arrasa el organismo. Es como el tabaco: cuanto antes la deje, más vivirá.

6. Coma plantas, sobre todo si tienen hojas

Hay cientos de miles de estudios que prueban que una dieta rica en fruta y verdura reduce las posibilidades de morir de alguna enfermedad occidental como el cáncer. En los países en los que se come medio kilo diario de fruta y verdura (suele coincidir que son los que más obedecen las tradiciones: no es mala idea pensar en la comida como un japonés), las tasas de cáncer son la mitad que en un país como Estados Unidos. Usted mismo.

7. No compre comida que se llame igual en todo el mundo

Hay traducción al francés para canónigos, pero no para Big Mac ni Pringles. ¿Coincidencia?